Palabras de Ligia Bonetti durante el Almuerzo Anual Aniversario 2014

Cuando se habla del sector empresarial en sus diversas manifestaciones organizativas parecería que se etiqueta a grupos de presión cuyo propósito único es la defensa de su interés particular, sin importar si ese interés particular va en beneficio de otros grupos o de la sociedad dominicana en general.

En lo que respecta a  la Asociación de Industrias de la República Dominicana esta percepción es equivocada. Ningún socio nuestro, ningún industrial, puede ser tan miope que olvide que nuestras empresas sólo tienen permanencia, sostenibilidad en el tiempo, si el ambiente económico y social del país favorece los negocios, incrementa el poder adquisitivo de las mayorías, cuenta con una población con crecientes niveles de educación y capacitación respaldada en un adecuado sistema de protección social, en fin, con personas cada vez más satisfechas por los niveles de bienestar en que viven y por las expectativas de mejoría y oportunidades que les ofrece el sistema económico y social.

Pensar de modo contrario y actuar de modo contrario es un suicidio y los empresarios no somos suicidas.

En la AIRD valoramos el enfoque que tiene el actual Gobierno de empujar políticas sociales que vayan más allá de suplir las carencias de nuestros ciudadanos y ciudadanas más pobres, políticas sociales que no son marginales, que no son simplemente un relleno, sino que buscan que las personas puedan contar con oportunidades, con capacidades, puedan desarrollarse. Enhorabuena.

Creemos, sin embargo, que estamos llamados a ir más lejos. Las políticas productivas y las políticas sociales no pueden ser “sistemas” separados uno del otro, compartimentos estancos ajenos entre si. Es necesario crear un lazo fuerte entre desarrollo económico y desarrollo social, entre la llamada macroeconomía y la economía pequeña de nuestra gente, la economía de todos los días.

Durante estos cuatro años al frente de la Asociación de Industrias, con el apoyo de nuestros socios, hemos impulsado lo que creemos que es fundamental para que ese enlace entre lo social y lo económico se produzca: la necesidad de una cultura exportadora (lo que ya empieza a dar resultados), de generación de empleo formal, de solucionar problemas que, como el eléctrico, no sólo dañan gravemente la competitividad de nuestra industria, sino también la calidad de vida de la ciudadanía y las arcas del Estado.

Señor Presidente, amigos todos:

¿Es esto meramente económico? NO, no lo es. En la capacidad productiva eficiente, competitiva, se juega hoy lo social.

Queremos que el Estado disponga de más recursos para proveer servicios públicos que beneficien al conjunto del país y que garanticen una mayor cohesión social. Producir y exportar más es una de las mejores vías, sino la mejor para lograr esto.

Mucho se ha hablado de la necesidad de eliminar exenciones fiscales o, por lo menos, enfocarlas a actividades  estratégicas. En la AIRD estamos más que de acuerdo, y casi siempre esa ha sido la intención, pero las exenciones fiscales primero no pueden ser vistas como un gasto que privilegia, sino como una inversión que crea condiciones para que el país pueda incrementar su productividad y sus exportaciones en un mercado globalizado y abierto, donde tenemos ventajas comparativas que no siempre hemos sabido aprovechar.

Esperamos que parte de esas condiciones sean mejoradas con el Pacto Eléctrico cuya discusión está en proceso, conscientes de que la solución de los graves problemas que en diferentes áreas tenemos y que fueron expuestos por la Estrategia Nacional de Desarrollo: educación, salud, el tema eléctrico, lo fiscal, el cuidado del ambiente y sobre todo aumentar nuestra productividad para insertarnos competitivamente en un mundo globalizado, requieren de unificar voluntades.

A eso estamos dispuestos: unificar voluntades, a actuar en concierto buscando soluciones, no sólo con el Gobierno en todos sus niveles, incluyendo lo municipal, sino también con los diversos actores de la sociedad tales como la academia, los sindicatos, instituciones de la sociedad civil, entre otras.

En esa dirección de unificar voluntades, para nosotros hoy es un día que pasará a la historia, pues hemos de reconocer en este almuerzo aniversario: El rol de un industrial que como José Vitienes ha apostado al desarrollo de nuestro país y cuyas reflexiones en este día de seguro dejarán un importante legado para la futuras generaciones; a una institución que ha hecho de la competividad y el desarrollo industrial su bandera innegociable, el Consejo Nacional de Competitividad, CNC; y al esfuerzo de un hombre que enorgullece a toda la sociedad dominicana y a la comunidad internacional, por ser un verdadero capitán de la industria y una persona con una calidad humana excepcional, don José León.

A ellos, nuestros parabienes.

Permítanme concluir reiterando que el sector industrial apuesta por República Dominicana y que buscamos fortalecer la confianza en nuestro futuro. Concluyo mis palabras con un pensamiento de Edmund Burke, quien indicaba que “Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto; ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza; ningún grupo puede actuar con confianza si no se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes, intereses comunes.

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