Palabras de Ligia Bonetti en Asamblea General Ordinaria y Eleccionaria AIREN

Estimados colegas de esta importante y pujante región del país, representada por valiosos emprendedores y exitosos industriales. Creo que esta honrosa invitación que AIREN me ha hecho para hablar ante ustedes no pudo haber sido más oportuna, pues a pocos meses de terminar mi labor como presidente de la AIRD, quiero dejar como último legado mis impresiones de la importancia de ajustar el rumbo del país a través del desarrollo del sector industrial.

La competitividad y la integración de cadenas de valor, las políticas de innovación y de mejora del capital humano, de facilitación de comercio, emprendimiento, internacionalización y, especialmente, una activa colaboración público y privada se convierten en elementos clave de una política de desarrollo productivo que haga de la industria la punta de lanza del desarrollo nacional.

Como bien indicara un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo titulado “¿Cómo repensar el desarrollo productivo? Políticas e instituciones sólidas para la transformación económica”, las políticas industriales que empujemos deben responder a tres preguntas importantes: cuáles son las fallas de mercado que debemos arreglar, qué instrumentos podríamos utilizar para resolver esas fallas, y qué tipo de instituciones se necesitan para poder desarrollar la política con éxito.

Es en ese marco que recientemente nos planteamos el dilema que tenemos como nación de “ser o no ser una economía industrializada”, productora de bienes transables, con bases social y ambientalmente sostenibles. Estoy segura de que los que estamos aquí no tenemos dudas sobre los beneficios que implicaría para nuestro país el que nos convirtamos en la economía de mayor desarrollo industrial de toda la región, con el aparato exportador más pujante y agresivo, y con una sociedad en la cual se garantiza la cohesión social y las oportunidades de acceso a bienes y servicios de la mayor parte de la población.

Este es, también, el desafío expuesto en la Estrategia Nacional de Desarrollo aprobada en el 2012 y puedo decirles que, al igual que la Estrategia Nacional de Desarrollo, otros muchos diagnósticos se han hecho y se han planteado marcos de políticas que, lamentablemente, no han sido tomados en cuenta suficientemente por todos nosotros.

Sin embargo, de lo que podemos estar seguros es de que nuestro modelo de desarrollo requiere de cambios estructurales para ser una economía que crezca de manera sostenida pero sobre todo sostenible, generando el mayor activo que disminuye la pobreza y garantiza una mayor cohesión social, que no es otro que la generación de empleos.

 

Amigos, amigas:

La industria manufacturera dominicana es un elemento esencial de la transformación estructural y el crecimiento económico, de la cohesión social y de un estado social y democrático de derecho… pero no damos nada por supuesto y nos preguntamos si  ¿Puede desarrollarse la industria de un país sin una política industrial?

Sabemos que el abandono de las políticas industriales asumido por la mayoría de los países, a partir de las directrices del Consenso de Washington a finales de los 80, provocaron innumerables consecuencias negativas que hoy perduran en varias naciones de Latinoamérica, entre ellas: un escaso dinamismo de la inversión y la productividad, una estructura productiva débil con altos niveles de desempleo e informalidad, un frágil posicionamiento en el mercado mundial y rezago en la diversificación de exportaciones, así como una alta desigualdad territorial y grandes brechas sociales y regionales.

Estos resultados han traído como consecuencia que desde hace alrededor de una década, la mayor parte de las naciones y gobiernos hayan vuelto de nuevo su atención al rol de la política industrial en el desarrollo, siendo referentes clave la implementada por los países de industrialización tardía, como Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, India, entre otros.

En el 2010, el experto en la materia Dani Rodrik, profesor del Instituto de Ciencias Sociales y Estudios Avanzados de Princeton, New Jersey, destacó que “…la política industrial nunca pasó de moda. Los economistas entusiastas del Consenso de Washington pueden haberla descartado, pero las economías de éxito siempre han confiado en las políticas estatales que fomentan el crecimiento, acelerando la transformación estructural.”

Hoy en día, para que una política industrial sea efectiva y traiga consigo un desarrollo sostenible, aumento del empleo formal, incremento de las exportaciones y mayor cohesión social, debe partir de los siguientes criterios:

Generar una alianza entre el sector público y el privado, lo que significa la necesidad de negociación y constitución de consensos.

Tener como marco el proceso de globalización y la apertura de los mercados.

Enfocar la política industrial en innovación, el desarrollo biotecnológico, energético, el cambio climático, la nanotecnología, la tecnología de la información y la sustentabilidad.

Contar con un Estado que no compita con el sector privado y que si lo hace sea en equidad de condiciones, con una política cambiaria pasiva, y liberalización de los mercados.

Asumir como norte la inserción en los mercados, todos los mercados, tanto el interno como el externo. Esto implica no sólo una mejora continua de la calidad, sino inteligencia para defender el mercado interno y poder colocar la producción en los mercados más exigentes del comercio internacional;

Estos criterios y algunos más han sido lo que han marcado las pautas del desarrollo industrial en las naciones del sudeste asiático como Corea del Sur, Tailandia, Singapur, los cuales han basado también su estrategia en la educación y calificación de la fuerza de trabajo, desarrollo de centros de investigación y desarrollo tecnológico, lo que en conjunto ha ejercido una importante influencia en la eficacia de la misma.

Mientras esos países exitosos han privilegiado la industria manufacturera, orientada al sector exportador, la diversificación y el avance permanente en el posicionamiento en ramas más dinámicas; en los países latinoamericanos se ha privilegiado el turismo, sectores primarios como el del petróleo, pesca, el minero, algunas actividades agrícolas, el forestal, y servicios varios.

Mientras en los países exitosos la política industrial formó parte de una estrategia de desarrollo a largo plazo, en América Latina no ha tenido coordinación con la estrategia de desarrollo del país.

Mientras en los países exitosos el Estado aseguró su implementación mediante alianzas perdurables con el sector privado  y con poder real para su puesta en marcha, en Latinoamérica las alianzas han sido inestables y carentes de poder.

Mientras en los países exitosos que hemos mencionado se aseguraron el financiamiento de largo plazo de la política, en nuestro continente este financiamiento no fue asegurado.

Muy importante, mientras que los países exitosos han contado con una arquitectura institucional afín a los objetivos estratégicos planteados, en América Latina la institucionalidad se ha evidenciado rígida e ineficiente para aplicar con éxito algunas definiciones, a lo cual se suma un Estado débil y un sector privado que fue incapaz de liderar.

Como vemos, las políticas industriales exitosas se diferencian de las menos exitosas en la fuerte coordinación entre los sectores público y privado, una apuesta a la industria manufacturera, apoyada con financiamiento, fortaleza institucional afín a los objetivos estratégicos y compromiso del liderazgo político en sus más altos niveles. 

Hago énfasis en la palabra COMPROMISO, ya que un plan de nación a largo plazo, no es de un gobierno específico, sino de todo un país.

 

Señoras y señores:

Cuando vemos todas las iniciativas que en República Dominicana hemos desarrollado para promover la industrialización, sin duda nos damos cuenta de que hemos hecho la mayoría de las acciones que han implementado otros países exitosos. No partimos de cero. La propia AIRD, con la participación activa de la AIREN y junto a ADOZONA, el Ministerio de Industria y Comercio, el Consejo Nacional de Competitividad, Proindustria y el Consejo Nacional de Zonas Francas, organizó el 2do. Congreso de la Industria Dominicana y ha impulsado numerosos estudios que constituyen un aporte a la definición e implementación de la política industrial que anhelamos

Sin embargo, me atrevo a decir que el factor que ha impedido mejores resultados ha sido la debilidad institucional y la falta de una coordinación coherente y continua en la promoción de la cooperación a lo interno de nosotros como agentes privados,  entre los entes públicos y entre ambos. Ello demanda la coordinación de intereses, muchas veces contradictorios, entre los distintos actores.

Quiero decirles que cada día de retraso para activar nuestra política industrial, es un día más que le damos a nuestros competidores para invadirnos con sus propias marcas y productos. Y eso lo sabemos en cada rincón de este país. Pero también es un día más de retraso en ver partir de nuestros puertos y aeropuertos nuestros productos de modo competitivo hacia mercados extranjeros. Es una tragedia que no podemos darnos el lujo de seguir viviendo.

Nuestras estadísticas demuestran que a pesar de los numerosos esfuerzos y los significativos avances recientes, los resultados en cuanto a la industrialización han sido negativos.

Desafortunadamente, las políticas en República Dominicana han profundizado un proceso de desindustrialización. Esta situación se evidenció más grave cuando el Banco Central, en agosto del presente año, hizo público un cambio del año base y nueva metodología de las cuentas nacionales. Es particularmente relevante lo relativo al tamaño del PIB y las tasas de crecimiento; la composición del gasto agregado y la ponderación relativa de los sectores.

A modo de ejemplo, la industria local individualmente, representaba un 21.8% del PIB con la metodología que tomaba como año base el 1991; con la nueva metodología el año base del 2007, apenas representó un 12.3% (es decir, pasamos de significar uno de cada cinco pesos a significar uno de cada ocho pesos, aproximadamente).

Para el 2013, la manufactura sólo representó el 11.6% del PIB según el nuevo año base.

La desindustrialización también se ha manifestado con fuerza en otros terrenos. Por ejemplo, en nuestra balanza comercial, la cual desde el 2007 a la fecha presenta un déficit anual y consistentemente superior a los 6 mil millones de dólares… y en el déficit de la cuenta corriente, el cual a pesar de los más de los 1,500 millones de dólares en exportaciones de oro en 2013, aun mantiene niveles altamente preocupantes.

La desindustrialización también se puede ver en la caída dramática del empleo formal y especialmente del empleo en el sector manufacturero, el cual ha disminuido en un 23% en los últimos 7 años, así como en la insignificante participación de la manufactura en el crédito financiero, con apenas un 5.8%  del total de la cartera.

 

Amigos de la Región Norte:

Como señalé hace pocos días ante el foro de la Cámara Americana de Comercio, ante estos nuevos indicadores presentados por el Banco Central, deben surgirnos algunas interrogantes: ¿Cuál ha sido el impacto de las políticas macroeconómicas en el desempeño del sector industrial?

¿Cuáles son las consecuencias sociales y políticas de un modelo que privilegia las importaciones sobre la producción local y las exportaciones? Si ese es el rumbo que se elige como política económica deliberada, ¿Garantiza este cumplir las metas de la Estrategia Nacional de Desarrollo?

Tratando de encontrar respuestas a esos y otros cuestionamientos, me percaté y ahora tengo la certeza de que el principal problema que tenemos como sector es que la mayoría de la sociedad, y en especial los actores políticos, no están convencidos de la importancia de la industrialización del país en el desarrollo sostenido y sostenible de nuestra nación y sobre todo en la cohesión social, lo que se evidencia en las ingeniosas trabas que día tras día tenemos que enfrentar y de la que muchos de ustedes son testigos.

 

Expresé en dicho foro y quiero reiterarlo ante ustedes, que pienso que en una gran parte de la sociedad dominicana existe una especie de ceguera que nos está impidiendo ver cómo se nos está deshaciendo la viabilidad de la nación y cómo se erigen graves riesgos a la cohesión social, que van desde el desempleo hasta el tráfico de drogas, las deficiencias de la educación, el clientelismo, la corrupción y, de modo especial, la pobreza en amplios segmentos de la población.

Por esta razón cada líder industrial, cada empresario manufacturero, está llamado a levantar su voz y como fieles creyentes de lo que hacemos y del porvenir al que aspiramos para nuestra nación, debemos convertirnos en evangelizadores de las bondades de la industria manufacturera para impulsar el desarrollo económico y ambientalmente sostenible, la cohesión social y un mayor nivel de vida para todos los dominicanos.

Parafraseando a los autores del estudio del Banco Interamericano de Desarrollo “¿Tiempo de ajustar el rumbo? Opciones de políticas ante el cambio en el entorno externo en Centroamérica y República Dominicana”, afirmo que en República Dominicana es tiempo de ajustar el rumbo, es tiempo de acelerar los cambios.

Tenemos el desafío de mantener el crecimiento macroeconómico a la vez que fomentar la generación de empleo y las exportaciones. La manufactura ofrece la mejor oportunidad en este ajuste de rumbo, a  través de la reorientación de la economía hacia sectores con mayor valor agregado, lo que brindaría la posibilidad de aumentar la productividad, elevar los salarios y el nivel de ingresos.

Es tiempo de ajustar el rumbo y acelerar los cambios, enfocando nuestro modelo económico en el fortalecimiento deliberado, consciente y sistemático del sector industrial.

Ajustar el rumbo y acelerar el cambio significa, precisamente, estimular el crecimiento económico, pero a través de la productividad, el cambio tecnológico, la generación de divisas, la innovación, la infraestructura y el comercio, para lo cual industrializar este país es fundamental. Será la forma de abandonar los insostenibles caminos de crecimiento a través de la repartición de dádivas, el clientelismo, de los déficits y del aumento acelerado del endeudamiento externo que tanto nos preocupa.

Según estudios de la CEPAL, “El crecimiento económico no es suficiente para garantizar el desarrollo sostenible y la cohesión social. Se requiere un crecimiento que, a la vez que fomenta las inversiones, genere tejido productivo, cree empleo y sea sostenible en el tiempo…”

Lo que se espera de un desarrollo económico sostenible es la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos de un país y para ello se requiere de un modelo productivo que sea capaz de aumentar la capacidad de generación de riqueza, que establezca una relación armónica entre la producción y el acceso social a lo que se produce. Su forma más concreta de medirla es a través de la cohesión social.

La evidencia señala que cuanto mayores son los niveles de cohesión social, mayor es el capital humano y social generado, y mayores son los logros en términos de producción científica y tecnológica, lo que a su vez aumenta la capacidad de respuesta de los países a las demandas y oportunidades de la globalización.

En una sociedad como la dominicana, en donde el empleo informal es predominante, todas aquellas políticas y medidas que contribuyan tanto a la formalidad del empleo como a su seguridad, deben ser valoradas como parte de ese proceso de transformación estructural del que hemos hablado. Ya sean populares o no, lo importante es que sigan un proceso pre-acordado de crecimiento futuro.

Debemos definir parámetros laborales que permitan la seguridad con flexibilidad. “Es necesario configurar estrategias que involucran el empleo, la protección social y laboral y la responsabilidad fiscal”, expresa la CEPAL.

El empleo informal es enemigo del bienestar social. La industria nacional es su antídoto, pero requiere, para su desarrollo, de un marco como este para que se incremente el empleo formal, base que garantizará a largo plazo la cohesión social.

A pesar de las grandes debilidades debemos sentirnos satisfechos de que nunca nos hemos quedado de brazos cruzados y que siempre hemos echado adelante, pero también debemos ser capaces de reconocer que no hemos desarrollado plenamente todo el potencial económico que tenemos.  Debemos ser conscientes de que el modelo productivo y económico es obsoleto si queremos seguir creciendo sostenidamente en los próximos 10 a 20 años y si queremos que los beneficios lleguen efectivamente a todas y todos en nuestra nación.

Tenemos el desafío mayor de crecer a buen ritmo, pero a la vez, aumentar nuestra productividad, ser más competitivos, diversificar más nuestra economía, ser menos vulnerables a los vaivenes internacionales, ofrecer mejores empleos, más bienestar y más oportunidades a los dominicanos. Desprendámonos de intereses particulares para atender los problemas estructurales. Los industriales elegimos vivir en República Dominicana, decidimos invertir nuestros capitales aquí y queremos seguir invirtiendo aquí. 

Y frente a este desafío, estamos apostando por una política integral, estamos apostando por diversificar nuestra estructura productiva, la innovación, el desarrollo de nuestra gente,  empujando el ingreso de nuevos actores y ampliando nuevos sectores de desarrollo. Y es una apuesta ganadora, porque elige invertir en la mayor riqueza que tenemos como país, que somos nosotros los dominicanos.

 

Señoras y señores:

¿Cómo lograr un proceso de industrialización que incremente la productividad y la cohesión social?

Múltiples pueden ser las propuestas y casi todas estas planteadas, ya sea por el propio Gobierno o por los industriales.

Ninguna política industrial podrá llevarse a cabo a no ser que quienes estén en el poder, estén de acuerdo con ella. Tampoco podrá ser verdaderamente efectiva si no se crea una agenda de transformación nacional destinada a crear y fortalecer las actividades productivas y sin que a través del diálogo público y privado todas las partes interesadas apoyen las decisiones tomadas.

Quiero concluir de un modo similar a como lo hice el martes pasado ante la Cámara Americana de Comercio.

“Ser o no ser, he ahí el dilema…”. Podemos ser una de las economías industrializadas más poderosas de esta subregión o conformarnos con ir cada vez más hacia atrás en todos nuestros indicadores, especialmente en aquellos que indican sostenibilidad económica y social.

Con popularidad se ganan elecciones, con esfuerzo y sacrificio se combate la pobreza y se desarrolla un país, pero con decisiones difíciles, justas y a tiempo se engrandecen los líderes. Le pedimos al gobierno que trabaje cohesionado, nosotros nos comprometemos a dar el ejemplo, con unidad en medio de la diversidad.

No permitamos que las actuales circunstancias nos determinen, es hora de ajustar el rumbo y acelerar los cambios.

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