Paliza, Ligia Y Jano: Mis reflexiones sobre la industria, Almuerzo Anual Aniversario AIRD 2014

Fui muy afortunado, porque empecé desde que era adolescente a trabajar en Jabonería Lavador, pasando por todos los escalafones hasta llegar a ser presidente del grupo.

De manera que desde esa época, he podido ser testigo activo del desarrollo del sector industrial del país, lo cuál me da una perspectiva bastante completa, en un lapso bastante largo de tiempo, siendo testigo de diferentes etapas que nuestro sector ha enfrentado.

Ocurrieron muchas, muchísimas cosas, pero yo identifico cuatro etapas, cuatro campos de juego, en la cuál los jugadores teníamos que actuar.

Pienso que estamos en una etapa, diferente, en una coyuntura que, de tomar las medidas adecuadas, el sector puede convertirse en un factor crucial en la elevación del estándar de vida de los dominicanos a niveles largamente deseados.

Medidas de política industrial desarrollista pueden lanzar al país y a este sector en particular, a niveles de prosperidad muy superiores a los que en la actualidad nos encontramos.

Abundan ejemplos. Hace cincuenta años la República de China Taiwán, un país con características similares a las nuestras, tenía una población básicamente rural, con bajos niveles de salubridad, alfabetismo y niveles de ingreso, y altos niveles de desempleo y sub empleo.

Hoy día, el cuadro es totalmente diferente, ya que solo tendría que destacar que gracias al desarrollo de sus exportaciones, su PIB per cápita en 40 años se multiplicó 53 veces.

Otros países han tenido experiencias similares, la República de Irlanda cuyo PIB per cápita se multiplicó 33 veces. Mientras que en nuestro país el PIB per cápita  apenas se ha multipilicado 5 veces en 44 años.

La presidente de esta institución, Ligia Bonetti, en su reciente participación ante la Cámara Americana de Comercio, presentó un cuadro en el que se compara los resultados en países donde se tomaron medidas desarrollistas con los países en los que no se tomaron.

La conformación de POLITICAS ECONOMICAS ACERTADAS y sostenidas en el tiempo ha sido la clave del éxito.

La propia República Dominicana ha tenido experiencias muy positivas cuando se toman medidas acertadas.

Las leyes de desarrollo industrial, de desarrollo de la industria de zonas francas, de turismo, de minería, de agroindustria para el desarrollo forestal, tuvieron efectos positivos inmediatos, tanto en la generación de empleos como en el aumento del Producto Bruto Interno y las exportaciones.

 Señoras y señores,

 La Historia es un sistema vasto de pre aviso.

 Estamos recibiendo señales   de cautela, unas banderas rojas, si se quiere decir de esta manera.

I.- Déficit Comercial

 El déficit crónico de nuestra Balanza Comercial de producción de bienes, desde 1964 es dramático. Es testimonio de que nuestra economía de transformación no es competitiva, de que languidece y no crece. Pasamos de un déficit de 23 millones de dólares en el 1964 a 7,221.90 millones de dólares en el 2013.

Ignorarlo significa  que no hemos tomado conciencia de la oportunidad que llevamos perdiendo desde hace décadas.

II. Informalidad.-

El segundo indicador, es la creciente informalidad de la economía dominicana, cuantificada ya en más de la mitad de la economía. No me malinterpreten, yo creo que la economía informal ha sido importantísima para que se desarrolle el empleo, y que la gente de la calle se gane el sustento de sus familias, amén de que genera una demanda derivada para los bienes y servicios que produce la economía.

Pero analicemos esto.

El empresario informal y el grande formal, analizan las situaciones EXACTAMENTE IGUAL. El grande formal tiende a informalizarse para poder competir, al igual que el que ya lo es. 

Parte de ese proceso es  lo que yo llamo la INFORMALIZACION FORMALIZADA, que consiste en la cantidad de situaciones de sectores que, con mayor o menor legitimidad, han buscado y obtenido leyes especiales de fiscalidad privilegiada que les aisla en una situación especial.

Y ESO CREA ENTRE LOS SECTORES PRIVILEGIADOS Y LOS NO PRIVILEGIADOS UNA DICOTOMÍA TAN GRANDE QUE ES YA UNA SITUACIÓN INSOSTENIBLE.

El mensaje que este hecho está enviando es que EL SISTEMA FISCAL Y REGULATORIO NO ES EL ADECUADO PARA QUE LAS ACTIVIDADES SE PUEDAN DESAROLLAR EN UN CAMPO NIVELADO, CON TRANSPARENCIA, IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y PROYECCIÓN DE FUTURO.

El himno de los formales podría ser la canción de Roberta Flack: “Killing Me Softly”.

PERO MIENTRAS TANTO……

EN ECONOMÍA LOS VASOS COMUNICANTES SON MUY FLUÍDOS, SE COMUNICAN INSTANTÁNEAMENTE Y LAS ACTIVIDADES FLUYEN DEL SECTOR NO FAVORECIDO AL FAVORECIDO EN UN  TORRENTE INDETENIBLE.

Así vemos la transferencia de compras del sector comercial formal al de las compras por internet. Un mercado grande y creciente.

Un proceso parecido está ocurriendo con la Ley de Desarrollo Fronterizo.

Y no hablemos de los flujos de capital de inversión.

Ustedes conocen la ley de las consecuencias no previstas.

Los actores económicos están cada vez más dedicándose a  actividades de muy rápido retorno, poca inversión y  horizonte de tiempo corto.

KILLING ME SOFTLY

El tercero es el deterioro cada vez mayor en los índices académicos.

Afortunadamente, ya se han empezado a tomar las medidas correctivas, que deberán en el tiempo reversar esta situación, y confiamos que estos esfuerzos no se descarrilen en el futuro y que, por el contrario, se intensifiquen acordándole la urgencia que se merecen.

Amigos y amigas,

Se llama José Manuel, pero le decimos cariñosamente Paliza, y aunque hay otros Paliza, siempre sabemos que cuando decimos Paliza, es de él que estamos hablando.

El año pasado, en este mismo escenario, Paliza nos regaló una charla magistral, hablando de la sostenibilidad.

Recomiendo que todos los que tienen que ver con la formulación de políticas, se lean de nuevo la ponencia valiente, clara y precisa de Paliza, porque todos los puntos analizados por él tienen la misma vigencia hoy que hace un año.

Pero leerlo no es suficiente…….hay que actuar.

Ligia Bonetti, el pasado día 23 de septiembre, ante la Cámara Americana de Comercio, hizo un magistral análisis de la industria manufacturera, de sus aportes a la economía, al empleo, y sobre todo de la necesidad de un cambio en la política Industrial de la República Dominicana, con el objetivo de que este importante sector pueda magnificar su aporte al crecimiento económico, al empleo estable, digno y bien remunerado de la creciente masa de jóvenes que entran en la economía dominicana en búsqueda de empleo.

También recomiendo la lectura detenida de esta ponencia.

Al igual que con la de Paliza, leerla no es suficiente…..hay que actuar.

En la antigua Roma, incluían entre sus deidades a Jano, al que siempre mostraban con dos caras, una mirando hacia atrás, y otra hacia delante, una hacia el pasado y la otra al futuro. También lo consideraban el rector del pasaje de una estatus a otro o de un lugar a otro.

Solían ponerlo en las puertas y entradas de los lugares.

Jano es compañero de Paliza y de Ligia en esta ponencia, y dramatiza el tránsito de la generación de Paliza y mía, con la de Ligia, el tránsito del pasado al futuro.

Señor presidente, compañeros industriales,

Soy un firme creyente en un sistema de libertades, que incluye la libertad de empresa, el mercado libre y regulado, la competencia empresarial, el imperio de la Ley y el rol del Estado como garante de esas libertades, y que ese sistema es motor del elevamiento de los niveles de vida, de alfabetismo, de salud, de empleo digno y bien remunerado y en general de un Estado de Bienestar bien entendido, en el cual se cierren las brechas entre los que más tienen y los que menos tienen.

Creo que el Estado y los gobiernos son más fuertes y exitosos cuanto más libres sean sus ciudadanos, cuanto sean mejor educados, tengan mejor salud y cuanto más sea facilitador para lograr esos propósitos, y más sirva como árbitro y menos como actor directo en las actividades privadas, y cuanto más prudentemente maneje las finanzas públicas.

Creo en la competencia libre y en campos nivelados para nuestras empresas.

Creo en la empresa socialmente responsable, que cuide y mejore el medio ambiente, que controle sus efluentes líquidos, sus emisiones de carbono, que recicle, que entregue a las próximas generaciones un entorno  mejor que el que ha recibido. Que no lo vea como un costo, sino como una responsabilidad.

Cada generación industrial, como dije al principio, ha tenido que jugar en su campo de juego particular, en la búsqueda de sus objetivos.

Durante la dictadura, el principal reto del industrial que no estaba ligado al poder era lograr desarrollar sus actividades sin que el poder se interesase por su negocio. Pero si usted pagaba sus impuestos, y no competía con las empresas del poder, usted podía razonablemente desarrollar su industria con bastante libertad.

Después, con la libertad, paradójicamente para la industria, vino una década cargada de oleadas de impuestos, permisos y controles, que hacían la actividad industrial muy difícil, la creación de nuevas empresas industriales fue prácticamente nula, con muy raras honrosas excepciones.

Con la Ley de Desarrollo Industrial vino una mejora sustancial, que en realidad creó las bases de la industrialización del país, fundamentalmente porque una vez obtenida la clasificación, el industrial tenía un horizonte de tiempo más largo en términos de regulaciones  que con los escenarios anteriores.

También permitía la reinversión de utilidades para crecer la industria, aunque siempre sometida la industria a controles precios y de cuotas de importación y de reinversión.

Tuvimos que lidiar con la burocracia excesiva, el proteccionismo y el criterio de la capacidad instalada, en la que algunos, más de los que me gustaría admitir, de nuestros colegas industriales fueron cómplices, que limitó severamente el desarrollo del sector industrial.

Creo que vale la pena destacar que la ley de incentivo industrial NUNCA EXONERO EL 100% DE LOS IMPUESTOS ADUANALES, exoneraba hasta un máximo de 90% de los mismos, y nunca permitió deducir más del 50% de las utilidades reinvertidas. Destaco esto, porque bajo aquel esquema, las industrias nunca dejaron de hacer su aporte al fisco dominicano.

Llegó la globalización, y posteriormente los acuerdos de libre comercio, vino la apertura.

La apertura ha sido fundamental en aumentar la oferta a la población de opciones de productos y servicios de consumo de calidad óptima. Ha elevado el grado de calidad de la oferta de las empresas nacionales y nos ha puesto en un nivel de profesionalismo a la par con el mercado global.

Ha elevado el nivel de gerencia, y de calidad de gestión de los empleados.

Algunas empresas desaparecieron, o no evolucionaron, o sencillamente, se trasladaron a otro sector.

Pero la globalización tiene dos vertientes, dos caras de la misma moneda por un lado la apertura y por otro lado la competitividad.

Como país hemos sido unos maestros en la apertura, pero francamente en la competitividad nos estamos quemando.

Yo entiendo que hay tres conceptos muy importantes en el tema. El estándar de comparación, el efecto acumulativo y el costo de oportunidad.

En la formulación de políticas, cuando de competitividad hablamos, el primer fallo surge al comparar nuestros costos con los de economías parecidas a las nuestras, cuando el estándar comparativo deben ser las condiciones EN LOS PAISES MAS COMPETITIVOS, porque con ellos es que competimos.

Es ejercicio errado comparar, por ejemplo, el costo de la energía nuestra con la de Puerto Rico, o la de Guadalupe, pues el problema radica que tenemos que ser competitivos con las más competitivas de todas las economías.

Es con los competidores de EEUU, de China, Korea, Japón o Europa que tenemos que competir. Y  lo mismo ocurre con cualquier otro factor de producción, por lo que es a esos benchmarks que debemos aproximarnos.

Hay tres sectores fundamentales para la competitividad: la Electricidad, el Transporte y los Combustibles. La problemática de estos tres sectores no se resolverá hasta que no exista una dinámica y abierta competencia igual a la  que está sometida el resto de la economía, y hasta que no se liberen del constreñimiento político.

No pueden ser islas, porque son partes fundamentales de la cadena de producción.

Hemos visto los frutos de la apertura y competencia en otro servicio público, en las telecomunicaciones, donde imperan los continuos avances tecnológicos, todo el mundo paga sus servicios, y hay continuas ofertas de precios. Y de paso, son grandes generadoras de ingresos para el Estado, y donde este ejerce su función en el marco regulador no como actor.

En la distribución de combustibles hay una dinámica de competencia activa, y los frutos se ven en la calidad, abundancia, y generalización de los servicios ofertados. Su única debilidad,  es que el sector se sigue viendo como ente generador de ingresos para el fisco, los precios se fijan por decisión gubernamental y no como parte integral de una cadena que requiere estar en niveles competitivos.

Fue muy difícil para el Estado semi privatizar el negocio de combustibles, pero los resultados están ahí. Recordemos que en los años 80, el país se paralizó en varias oportunidades porque el Estado se resistía a subir los precios de los combustibles por miedo a las reacciones políticas. La creación de un sistema de precios variables corrigió eso. Pero ahora tenemos necesidades fiscales, y el escenario es diferente, contrario a los de aquellas fechas.

Se inicia ahora la discusión del Pacto Eléctrico, lo cuál es buena cosa.

Pero soy de la opinión, que mientras no se permita la incursión de actores privados en toda la gama de la industria eléctrica, mientras no se inyecte la competencia libre, innovadora y orientada al servicio, seguiremos con los mismos problemas que empezaron hace cuatro décadas.

Y recordemos, que para tener posibilidades de desarrollo económico, necesitamos energía de calidad, abundante y barata.

El no enfrentar esta realidad ha significado sobrecostes vía el subsidio al fisco y al sector privado de varios miles de millones de dólares. ¿Quién compite con esa situación?

El problema del transporte público en general y del de cargas lo hemos visto escenificado en días recientes. Yo pienso que en cuanto a la industria se refiere, los empresarios que constituyen el parque móvil han rendido un servicio al país. Lo que pasa es que han seguido un modelo monopólico coercitivo, impositivo, que en realidad con el tiempo les perjudicará a ellos mismos.

Mi opinión es que existen la Constitución y las leyes en el país para evitar los monopolios, existe Pro Competencia, lo que hay es  hacer cumplir la ley. A la propia industria de transporte le conviene que ellos sean más competidores en buena lid, que haya nuevos actores en el negocio, que puedan entrar nuevas empresas, para que crezcan las actividades y así puedan crecer más.

Los cambios tecnológicos benefician a todos, sino, que vean como se han beneficiado con el tránsito de la carga general marítima a la de furgones, por ejemplo.

Pero esa transformación solo puede venir del Estado, pués solo el Estado tiene a su disposición los mecanismos necesarios.

El otro problema de la competitividad es el de la acumulación. Si no somos competitivos, por ejemplo, en ocho factores de producción, y si cada factor le añade .75% al costo, eso se traduce en un 6% de aumento en el costo, con lo cual ya estas fuera de mercado, no eres competidor.

El costo de oportunidad para el inversionista en general, y para el industrial en particular, es el costo del beneficio alterno que el inversionista deja de percibir en la mejor actividad alterna por dedicarse a la actividad que está contemplando. Es el costo de la oportunidad perdida.

Cuanto más alto sea ese costo de oportunidad, más altos tienen que ser los rendimientos de un proyecto sometido a análisis, para que el mismo sea atractivo. Cuanto más alto es el costo de oportunidad, más altos tienen que ser los rendimientos del proyecto para que pueda producir la Tasa Interna de Retorno que haga el proyecto viable.

El resultado es, que cuanto más alto sea este costo de oportunidad  más proyectos se dejan de ejecutar, más altos son los precios del  proyecto en consideración y existe una mayor concentración hacia proyectos de menor costo de ejecución,  y en definitiva, menor actividad económica, menor empleo y de  menor carga impositiva.

¿Suena Familiar?

Pués en la situación actual, con la dicotomía que hay entre la Industria tradicional y los sectores no gravados, ese costo de capital de la industria de transformación no privilegiada, es magnificado por el factor impuesto y la regulación, sencillamente porque la distancia entre uno y el otro está magnificada.

Así, con ese campo de juego que tenemos, no nivelado, no transparente, sobre regulado, llegamos al presente de la industria de transformación, de la que formamos parte este grupo.

¿Dónde veo yo el futuro de este sector? Creo que el reto para la generación industrial actual está en el crecimiento hacia fuera, hacia los mercados globales, en los regionales, hacia nuestro vecino, la República de Haití y ese crecimiento transformará  no solo a nuestro sector sino a la sociedad.

Pero estamos en un punto crítico en materia Industrial. Como recalcó  Ligia con las palabras de Hamlet en la obra de Shakespeare:

“Ser o no ser”.

O creamos las condiciones óptimas para el crecimiento, o desaparece el grueso de la actividad Industrial en nuestro país, fruto de la presión de la importación, y la carga de las ineficiencias nacionales.

¿Seremos un nuevo Taiwán, Irlanda o Chile, o no?

That is the question.

Para que la respuesta sea positiva, necesitamos un marco fiscal competitivo, transparente, fluído, simple y desarrollista.

A veces me siento un tanto frustrado, porque el catálogo de medidas correctivas que hay que tomar viene de larga data. El discurso de los representantes empresariales de hoy es casi el mismo que el de nosotros hace tres décadas.

Pero cuando así me siento, tomo fuerzas mirando hacia atrás, y pienso qué podemos hacer la transformación.

En los años 88-94 del siglo pasado, formamos un equipo de servidores empresariales, que con interlocutores competentes del sector público logramos muchas reformas importantes para el país. Esta tarea fue continuada por los que nos siguieron.

Entre ellas, la derogación de las leyes de controles de precios, la liberalización del mercado de divisas, la reforma del código arancelario y de Impuesto sobre la Renta, la eliminación de los controles de importación, la modificación del Código Laboral, entre otras.

Fue una labor de un equipo extraordinario de personas, del cual yo me siento honrado de haber formado parte.

Pero créanme, hubo que crear un cambio de mentalidad. Contratamos un estudio del impacto del sector privado en la economía nacional, creamos Acción Empresarial con una campaña de opinión pública educando al público que empresarios eramos todos, desmontamos la imagen de que el empresario era especulador y responsable de los aumentos de precios, redactamos un proyecto de ley de modificación de la ley de Impuesto sobre la Renta para reducirla a una tasa única del 25%, orquestamos una campaña en la que recogimos cientos de miles de firmas para llevarlas y entregarlas en el Congreso Nacional. En fín, no les canso con el recuento.

Pero ahora necesitamos otra ronda de reformas, porque queda por hacer lo que es necesario para el salto que ambicionamos.

Reformas que conviertan a la economía dominicana en una economía motorizada por las exportaciones, por el crecimiento hacia afuera, económicamente integrado, con actividades de alto valor agregado, que permitan el desarrollo del empleo formal, bien remunerado, con protecciones a la vida, a la salud, a la familia, y a la educación.

Mucha gente no sabe lo difícil que es desarrollar una actividad industrial. 

Competir en el mercado global no es tarea fácil. Si los industriales tenemos el trabajo dificíl en el mercado nacional, el global es mucho más.

Les digo por experiencia: desarrollar un mercado de exportación requiere varios años de labor, muchos recursos humanos, y una inversión de muchos millones de pesos, y después mantenerlos es igual de difícil. Cualquier cosa puede dar al traste con años de trabajo, y muchos recursos de inversión y después es increíblemente difícil recuperarlos.

Yo pienso que los industriales estamos prestos a participar en ese proceso, pero como decía mi padre: “Bailaremos el son que toquen”. Haremos lo que siempre hemos hecho, nos ajustaremos a los retos y condiciones que se nos presenten.

El son lo tocan las autoridades nacionales, y es con ellos que tenemos que sintonizar las melodías y el programa de música, en franco y leal diálogo.

¿Bailaremos el Baile del Cisne? O ¿Bailaremos up where we belong?

Amigos,

Con toda probabilidad esta será una de mis últimas oportunidades de dirigirme a los nuevos actores de nuestro sector. Hoy quiero dejarles un mensaje a la nueva generación de jóvenes Industriales.

No cabe duda, de que hay actividades menos onerosas y más remunerativas que la manufactura. Probablemente, también rodeadas de más glamour. Pero con estos años que tengo, puedo asegurarles que hay cosas más importantes que ganar dinero, que ser una “estrella”.

Hay mucha satisfacción, en concebir una empresa, analizar las necesidades de la gente, diseñar la manera de satisfacer esas necesidades, organizar la campaña y llevar la empresa a fruición.

Hay mucha satisfacción en fracasar, levantarse, triunfar.

Hay mucha satisfacción en proveer a personas que de otra manera no lo tendrían, una forma de vivir dignamente, un trabajo productivo, de desarrollar su carrera, mantener a  su familia, su hogar, educar sus hijos, tener vivienda propia, que se lo ganan con el trabajo honesto y tesonero.

Hay mucha satisfacción en encontrarte inesperadamente con ex empleados en la calle y que te saluden con afecto y buenos recuerdos de tu comportamiento.

Hay mucha satisfacción en ser un ente corporativo responsable, cumplidor de sus obligaciones fiscales y comerciales.

Hay mucha satisfacción en poder verse en el espejo por la mañana.

Hay mucha satisfacción en hacer Patria.

Hay muchos contratiempos, fracasos, y adversidades. Pero hay muchos éxitos, mucha satisfacción.

Una de las atribuciones de Jano, como les mencioné antes, era regular el paso del pasado al futuro. Si veía condiciones negativas en el futuro no daba el paso.

Restringía el acceso.

Todos los actores económicos tenemos un Jano en nuestro ADN.

Si vemos las condiciones no favorables en el futuro, nos detenemos, posponemos proyectos, inversiones e iniciativas o nos dedicamos a otra cosa, pero si el futuro es favorable, damos el paso y emprendemos.

Para que el país prospere, yo espero que el Jano de los Industriales pueda ver las cosas en el futuro favorablemente y se abran las puertas al progreso.

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