La recuperación económica significa una nueva normalidad

 

 

 

 

 

 Será profundo el impacto económico y social del COVID-19 en RD

 

Hasta febrero, el tren de la economía marchaba por los rieles esperados. Nadie imaginaría que la pandemia del COVID-19 que estaba desarrollándose en otros países y que apenas había tocado suelo dominicano, cambiaría tan radicalmente no solo la dinámica económica, sino también la vida social, política y cultural de la nación.

 

Las actividades económicas sufrieron un fuerte freno. El turismo se paralizó en todas sus vertientes. Continuaron las actividades productivas –en toda su cadena- que tienen que ver con la producción de alimentos, medicinas y suministros de salud, así como toda su cadena de valor. El resto de las empresas redujeron sus actividades o las paralizaron, algunas acudiendo al teletrabajo –en los casos en que eran posible-. En pocas palabras: el ritmo de la actividad económica se redujo tan drásticamente que el Gobierno se vio precisado a intervenir con medidas de paliativo social y laboral.

 

Recientemente la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) realizó un Webinar con el título “Impacto Económico del COVID-19 en República Dominicana y modelos de Recuperación” en que Roberto Despradel, Pavel Isa Contreras y José Luis De Ramón, tres destacados economistas, expusieron el impacto previsto a causa de la pandemia en la economía y sociedad dominicana.

 

Es importante tomar en cuenta esta información como aproximación importante, porque ciertamente es difícil estimar la magnitud total de la caída a final del presente año.

 

Un punto de partida fundamental es entender que el escenario del comercio internacional se ha modificado. Un ejemplo de esto es que el nivel de caída del consumo del petróleo no tiene precedente. Es un choque de la demanda por parte de la economía, luego de haber sido sacudido por un choque que provino de la oferta.

 

El Índice Mensual de Actividad Manufacturera (IMAM) elaborado por la AIRD desde junio 2015, tuvo el nivel más bajo de su historia cuando descendió bruscamente de 55.9 en febrero 2020 a 38.2 en marzo 2020.

 

A nivel del empleo los efectos han sido dramáticos. En Estados Unidos –la principal economía de referencia para República Dominicana y fuente fundamental de remesas- más puestos de trabajo se perdieron en el último mes que los que fueron creados en los últimos diez años. El desempleó se ubicó, en abril, en un 14.7%, cuando a principios de enero estaba en 4.4%.

 

Uno de los efectos más preocupantes es la parálisis en cuanto a las fuentes de divisas. El turismo y las exportaciones de zonas francas han sido seriamente afectas. Las remesas han caído y probablemente se haya profundizado esta caída en abril. Las exportaciones nacionales parecen las más resilientes de todas y la cadena de exportaciones de productos nacionales es la menos vulnerable. Es bueno precisar que el 57% de todas las divisas provienen de Estados Unidos.

 

En el país, la situación del empleo no es menos dramática. Los datos de la Tesorería de la Seguridad Social revelan 464 mil trabajadores menos en el sector privado (cotizando), lo que equivale a una contracción del 29% del total. Algunos estiman que el desempleo será cercano al 30% cuando a fines de 2019 se estimaba en un 10%, conduciendo a una reducción drástica de los ingresos de la persona y disminuyendo la capacidad de compra de los hogares, causando un retroceso en los niveles de pobreza monetaria y originando posibles tensiones sociales.

 

La caída proyectada del PIB de Estados Unidos es de 5.9% y la de Haití, de 4.0%, ambos mercados son clave para las exportaciones dominicanas.

 

Otros datos son arrojados por el Fondo Monetario Internacional que indican que antes del COVID-19 el país proyectaba crecer 5.1%, ahora sería -1.0% (lo que significa una caída de 6.1% en las proyecciones). La inflación bajará de 4.0% proyectado a 3.0%, mientras que el déficit fiscal pasará de -3.7 a -6.0, y el crecimiento del crédito descenderá de 9.7 (proyección) a 2.5%, quedando rezagado.

 

Las finanzas públicas tienen y continuarán teniendo una reducción en los ingresos y un incremento en los gastos, principalmente gastos corrientes de apoyo social.

 

Al disminuir el flujo de divisas, el deterioro en la cuenta corriente del país, según el FMI, pasará de 1.4% del PIB a negativo 4.4%, equivalente a unos 6,900 millones de dólares, de los cuales las exportaciones y el descenso en los precios del petróleo pueden compensar unos 2,300 millones. En ese escenario parece imprescindible que el país tenga que recurrir a un endeudamiento superior a los US$2,500 millones.

 

Es decir, hay daño de corto, mediano y largo plazo en el aparato productivo dominicano.

 

El escenario indica, como ha señalado la AIRD en diversas ocasiones, que habrá que buscar el equilibrio entre reactivación económica y seguridad y salud de las personas.

 

La respuesta pública inicial ha ido en la dirección correcta. El aumento en la liquidez puede ayudar en la fase de recuperación, y las acciones del gobierno para reducir el impacto en ingresos, empleos y alimentación han sido acertadas, pero insuficiente, especialmente en lo relativo al sector informal de la economía.

 

En lo inmediato, el crédito externo y el interno, es clave. Hay que aumentar la capacidad de gasto del gobierno, el cual ha de recurrir al crédito externo y aprovechar el interno. 

 

Es clave también el retomar el fortalecimiento de las exportaciones nacionales, fortaleciendo la capacidad de ese sector, a la vez que haya un enfoque para la reducción de las importaciones. En ese sentido, la AIRD ha reivindicado que, junto a las exportaciones, un elemento clave para la recuperación es el fortalecer el consumo de la producción local, de lo HechoenRD, lo cual ha de vincularse a empleos de más calidad y más productivos.

 

Mirando el horizonte

Esta crisis es una oportunidad. Está causando muchos problemas, pero también ha puesto en evidencia algunos existentes a los cuales es necesario prestar atención. Junto a los temas económicos, será necesario abordar los temas de salud, pero también de educación (en el cual, pese a la inversión, el país se encuentra muy mal).

 

Será necesario tomar en cuenta diversas fases –como ya lo ha establecido el presidente Danilo Medina- y necesaria una vigilancia permanente, tanto de los indicadores económicos como de los de salud.

 

Un punto a tomar en cuenta es el dinamizar sectores que han sido grandes motores económicos, como la construcción, uno de los que tiene mayor coeficiente de encadenamiento productivo. Otro con mucho potencial es la agroindustria.

 

El sector industrial es un sector estratégico y que debe ser potencializado, tanto para el crecimiento permanente como para superar esta crisis.

 

No se tratará solo de retomar la normalidad, sino una “nueva normalidad” que ayude a superar debilidades, a tomar en cuenta fortalezas, a aplicar disciplina en todos los campos, a actuar en conjunto sectores económicos, sociales y políticos. Una nueva normalidad en que República Dominicana vuelva a ser número uno en crecimiento económico, en estabilidad, en inclusión social, convirtiendo al país en una potencia industrial del caribe, una potencia exportadora, en atracción de inversiones, en educación, en eficiencia eléctrica, en transporte eficiente, en transparencia y seguridad jurídica.

 

 

 

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