Palabras de Ligia Bonetti durante el Desayuno Temático “Las Exportaciones Como Eje de un Nuevo Modelo de Desarrollo: Su Financiamiento y el BANDEX”

Desde la AIRD hemos dicho hasta el cansancio que para que República Dominicana pueda desarrollarse de manera sostenible requerimos de una política de desarrollo productivo o política industrial que ponga especial énfasis en un impulso tecnológico a las diversas esferas productivas, que permita aprovechar los avances en I+D; integre cadenas productivas y los sectores de la economía; garantice servicios básicos competitivos, elimine las trabas burocráticas y agilice el comercio, promueva alianzas público-privadas, y de manera indispensable, facilite el financiamiento de proyectos productivos.

Hoy en día los expertos consideran que el concepto de política industrial moderna indica una variedad de políticas que son aplicadas por diversos sujetos institucionales para estimular la creación de la empresa, favorecer su aglomeración y promover la innovación y el desarrollo competitivo en el contexto de una economía abierta. Consideran que estas políticas son de naturaleza dinámica y consisten en programas que deben evolucionar en el tiempo en correspondencia a los cambios de la economía y su contexto.

Hace apenas dos décadas nuestro país fue víctima de una moda que se implementó como parte de una política industrial en la mayoría de los países latinoamericanos, que no era otra que la desaparición de la banca de desarrollo, ya que en ese momento se consideraba que estas entidades interferían con el funcionamiento del mercado y se les consideraba como un obstáculo para el desarrollo de los mercados de capitales, pues canalizaban recursos de mediano y largo plazo a las empresas, haciendo redundantes esos mercados de capitales como fuente de financiamiento.

Estudios muestran, sin embargo, que existen evidencias claras de que las reformas de los años ochenta y noventa no lograron un desarrollo de los mercados de capitales con la profundidad que se esperaba y que por el contrario, la desaparición de la banca de desarrollo contribuyó a agravar el problema de financiamiento de largo plazo, imponiendo restricciones al crecimiento económico de la mayoría de los países latinoamericanos.

Esto, amigos, ha sido el vívido ejemplo de lo sucedido en República Dominicana y lamentablemente no puede existir una verdadera política industrial en un país que no cuente con instrumentos de apoyo financiero a largo plazo.

Afortunadamente la mayoría de los países latinoamericanos que están apostando a su desarrollo industrial han logrado revertir esas políticas y ya cuentan numerosas instituciones financieras innovadoras para el impulso de las PYMES, para armar cadenas productivas, facilitar financiamiento entre proveedores y usuarios de bienes, así como para compartir riesgos con entidades del gobierno en sectores muy específicos a través de fondos de garantía.

Asimismo, se está promoviendo la creación de fideicomisos para apoyar a las empresas exportadoras y facilitar recursos a las entidades de microcrédito no bancarias. Es cada ves más importante el rol que juegan instrumentos como el factoraje, el arrendamiento financiero, la titularización de activos, la administración de fideicomisos y la provisión de garantías, entre otros.

Pero el instrumento financiero más importante y más efectivo que está siendo impulsado en los hermanos países latinoamericanos ha sido la banca de desarrollo y de exportación. El mejor y más exitoso ejemplo que podríamos recordar hoy es el BNDES, de Brasil, que se ha constituido en el paradigma de desarrollo industrial, pues no sólo ha financiado el crecimiento de sus industrias y sus exportaciones, sino que ha logrado canalizar recursos a grandes emprendimientos industriales y de infraestructura, así como aumentar la participación de la agricultura, el comercio, los servicios y las MIPYME.

El acceso al crédito es tan importante para las industrias como vender sus productos. Si el sector privado tiene buenas fuentes de financiamiento puede innovar, crecer y sobre todo competir con sus pares nacionales e internacionales.

Además, el acceso a financiamiento competitivo constituye un factor decisivo para la acumulación de capital, la capacitación de los recursos humanos y la mejora de la productividad, pero sobre todo para promover las exportaciones, las cuales constituyen el mejor mecanismo para lograr eficiencia y el aumento de la productividad industrial y el único medio para garantizar un equilibrio en nuestra balanza de pagos.

República Dominicana carece de bancos de desarrollo con programas enfocados al fomento de la actividad industrial y las exportaciones. Cabe señalar que años atrás se contaba con DEFIMPRO y el FIDE que, en su momento, jugaron un papel muy importante en el real desarrollo de la industria dominicana. Sin embargo, en nuestro país actualmente existen trabas que impiden que las empresas, especialmente las de carácter industrial, puedan acceder a créditos de largo plazo y a tasas de interés competitivas, confinando así su crecimiento.

Estudios realizados en República Dominicana revelan que solo el 31.9% de las empresas industriales ha obtenido fondos para invertir en el desarrollo de nuevos proyectos o capital de trabajo y apenas el 13.5% ha recibido financiamiento de recursos dirigidos para promover sus exportaciones. En adición, tenemos la alarmante cifra de que sólo el 6% del total de la cartera de crédito del sistema financiero se destina al sector manufacturero. En República Dominicana, los bancos de desarrollo, bancos comerciales de servicios múltiples y los bancos extranjeros proporcionan financiamiento muy limitado para capital de trabajo y financiamiento post embarque para las empresas exportadoras. Es por esta razón que el sector industrial dominicano necesita de políticas públicas que incentiven el acceso a crédito competitivo y a largo plazo para el sector manufacturero.

 

En el marco del 2do. Congreso de la Industria Dominicana celebrado en abril del 2012 se establecieron 3 principales objetivos:

  • Creación de un banco de desarrollo y apoyo  a las exportaciones,
  • Creación de un sistema de garantías recíprocas para mejorar el acceso al crédito para el sector industrial y las PyME, y
  • Revisión del Reglamento de Evaluación de Activos (REA) para el sector manufacturero.

En cuanto a la creación de un sistema de garantías recíprocas para mejorar el acceso al crédito para el sector industrial y las PyME, el propósito es el de proponer una política de Sistema de Garantías que sea funcional y operativa, para facilitar el acceso al crédito de las PyME industriales en República Dominicana, bajo un marco regulatorio que propicie la creación de sociedades de garantía reciprocas y fondos de garantía.

Hasta el momento se ha elaborado un anteproyecto de ley por parte del BNV, ha sido contratado un consultor internacional para la elaboración de instrumentos jurídicos de garantías recíprocas a cargo del CNC, se ha presentado la propuesta al Banco Central, se ha presentado el informe a la Junta Monetaria, entre otros pasos.

Es necesario, como próximos pasos, que la Junta Monetaria conozca el anteproyecto de ley y que posteriormente sea sometido al Congreso para su aprobación.

En cuanto a la revisión del Reglamento de Evaluación de Activos (REA) para el sector industrial, el propósito es la modificación de este reglamento de forma que pueda darse un mayor acceso a financiamiento al sector industrial. No es posible, señor Superintendente, y lo hemos dicho en innumerables ocasiones, que solo se acepte como garantía un 30% del valor de una maquinaria industrial que genera empleos, cuando para un vehículo se acepta hasta un 90%.

El año pasado La AIRD, lanzó el “Barómetro Financiero Industrial” sobre trabas de financiamiento con la finalidad de identificar los requerimientos de cambios en el REA y las dificultades de acceso a financiamiento se evidenciaron nueva vez, pero no para las grandes industrias que no necesitan fuentes de financiamiento, sino para las pequeñas y medianas que requieren capital hasta para poder subsistir en este mundo globalizado. Por eso, se hace necesario, señor Superintendente, finalizar la revisión del REA y someter los cambios planteados por el sector industrial.

La otra meta que nos propusimos en el 2do. Congreso Industrial fue la creación del Banco de Desarrollo de Exportación, que hoy debemos celebrar su sometimiento al Congreso Nacional por parte del presidente de la República, como se había comprometido con nosotros durante su campaña electoral.

Sabemos que este proyecto de ley, que se viene promoviendo y  trabajando desde hace años por el CEI-RD y el BNV,  fue elaborado finalmente por la Superintendencia de Bancos, y se espera de que dicha legislación sea aprobada con la mayor celeridad posible para dotarnos de una entidad solida, apolítica y sólida técnicamente, que permita financiar el desarrollo del sector industrial, que logre aumentar y diversificar las exportaciones dominicanas y permitirnos cumplir las metas que nos propusimos en el 2012 de:

  • Incrementar las exportaciones en 11 millones de dólares, desde el 2012 al 2017, esto es más que duplicar las exportaciones de los niveles actuales;
  • Crear 300 mil nuevos puestos de trabajo en el sector manufacturero;
  • Incrementar el número de industrias en operación en un 28% para alcanzar las 10 mil industrias en el país;
  • Lograr una tasa de crecimiento acumulada de  35% en cinco años;
  • Aumentar de 209 a 500 las empresas que exportan más de un millón de dólares.

La creación con fortaleza del BANDEX es una condición muy importante para el logro de estas metas. Confiamos en su apoyo para lograrlo. Estamos seguros que se trata de un aporte que apunta a variar un modelo económico que se ha sustentado en las importaciones, que ha conducido al crecimiento del déficit fiscal y que no termina por fortalecer el empleo formal privado.

Eso, señor superintendente, podemos cambiarlo. Y podemos hacerlo juntos. Trabajando en un ambiente de confianza entre el sector público y el privado, seguros de que el desarrollo no es solo responsabilidad de los gobiernos, sino consecuencia de esta confianza en el marco de un régimen democrático como el que vivimos.

 

Una nación no puede considerarse exportadora hasta que sus medianas y pequeñas empresas forman parte del barco que se dirige a mercados extranjeros. Las PyMES requieren con urgencia este apoyo que estamos planteando en lo financiero. Adoptar estas políticas les permitirá, a muchas de ellas, pasar de industrias sobrevivientes a industrias florecientes.

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