Reforma Laboral en Puerto Rico, un ejemplo y reto para República Dominicana. Colaboración AIRD-El Dinero

“Lo único permanente es el cambio” es una máxima que refleja la velocidad a la que andan nuestras sociedades y nuestra economía. Sin embargo, para muchos es motivo de espanto cuando ese cambio se realiza y se pronuncia la palabra “reforma”.

Puerto Rico ha vivido momentos difíciles. A veces se piensa que en donde más duele una crisis es en el bolsillo de los consumidores. Hay un aspecto en donde la crisis es más dura, casi trágica: la pérdida de empleos, tanto en el sector público como en el privado. En ese sentido, una propuesta de salida de una crisis pasa por el campo laboral. ¿Crear más empleo a costa de las arcas públicas? Estas están en crisis. No es posible. Salida: una reforma laboral que fomente el empleo y que facilite la inversión en el país.

Frente a la crisis fiscal vivida por la nación Ricardo Roselló, Gobernador de Puerto Rico, presentó, el 9 de enero de este año, a la Legislatura un proyecto que crearía la Ley de Transformación y Flexibilidad Laboral, es decir: la reforma laboral. La situación de emergencia que vive la economía de ese país llevó a que apenas 15 días después la Legislatura aprobara, con distintas enmiendas, dicho proyecto (claro, no sin muchas controversias). El 26 de Enero el Gobernador firmó el proyecto y lo convirtió en Ley. Una reforma relámpago para una situación extrema.

Es una Ley que aplica a las empresas y empleados del sector privado, pero no al sector público. Tampoco aplica a los empleados contratados antes de que la ley entre en vigor (esto de llamados “derechos adquiridos”), pero sí aplica si estos empleados comienzan a laborar en otra empresa.

Esta legislación, entre otros aspectos, implementa horarios flexibles, reduce una bonificación navideña obligatoria, recorta los días de vacaciones, la paga por las horas extra de dobles a una y media, e implementa un período de prueba de nueve meses para la mayoría de los trabajadores. Además, deroga una ley previa que autorizaba una bonificación adicional para quienes trabajan jornada dominical y obligaba a que los negocios permanecieran cerrados desde las 5 a las 11 de la mañana los domingos (por motivaciones religiosas).

Roselló espera que la ley estimule las inversiones y contribuya a la creación de empleos como consecuencia de reducir el costo de hacer negocios con la isla y, más específicamente, de los costos laborales. Estos aspectos, según los propulsores de la legislación, ahuyentan la inversión. Objetivo estratégico, por lo tanto, es el retorno a un ritmo de inversión que permita a la isla salir de la crisis en que se encuentra envuelta.

En ese sentido, Roselló afirmó que “en los últimos 10 años hemos perdido casi 300.000 empleos y esto ha provocado que varios hermanos puertorriqueños se hayan mudado a Florida y otras jurisdicciones buscando trabajo y calidad de vida», y añadió: “es hora de detener la migración y la separación de familias, creando los empleos».

Sin embargo, es bueno precisar que dichos cambios no surgieron desde adentro. Algunos de ellos fueron recomendados por una junta de supervisión federal creada por el Congreso el año pasado, la cual consideró que las regulaciones de Puerto Rico vinculadas con la retención de empleados, el pago por despido, horarios flexibles y días de vacaciones obligatorios deberían reflejar los estándares estadounidenses. La isla enfrenta un desempleo de casi el 12%, alto en comparación con el promedio de Estados Unidos que es de casi 5%.

¿Los resultados? Sería absurdo un vaticinio en estos momentos. Es necesario esperar y es necesario también entender que dicha reforma deberá ir acompañada de otras como, por ejemplo, recortes fiscales, reducción de la tarifa eléctrica y facilitar el proceso para obtener licencias de negocios.

La reforma y Dominicana

Dada la cercanía entre ambos países y el hecho de que para ambas economías el mercado norteamericano se revela como fundamental, cabe preguntarse si dicha reforma afectará a República Dominicana.

Si la reforma se consolida al parecer Puerto Rico gana en uno de los factores de la competitividad que se revelan como clave: el laboral, en donde influye no sólo el costo directo sino también costos indirectos.

Además, no hay que olvidar que algunas industrias de tecnología, especialmente de zonas francas que tuvieron operaciones en la vecina isla podrían retornar a ella (por ejemplo, industrias de artículos médicos).

Esta reforma ocurre, además, en momentos en que en Estados Unidos se discute el “Border Adjustment Tax”, un movimiento bastante radical del comercio norteamericano que fomenta las exportaciones estadounidenses y afecta las importaciones hecha desde Estados Unidos. Este movimiento podría beneficiar a Puerto Rico y las medidas que comienza a implementar Roselló.

 

Es de esperar, como se afirmaba al principio, que Dominicana se mantenga atenta y con la misma filosofía: lo único permanente es el cambio, cambiemos también nosotros.

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